Párate a pensar.

– No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie, porque, fundamentalmente, tú has hecho tu vida.

– Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo y el valor de acusarte en  el fracaso para volver a empezar, corrigiéndote.

– El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas del error.

– Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean, hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer. Las circunstancias son buenas o malas según la voluntad o fortaleza de tu corazón.

– No te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte, enfrentalas con valor y acepta que de una u otra manera son el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar.

– No te amargues con tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, acéptate o seguirás justificándote como un niño. Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar.

– Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu fracaso.

– Si tú has sido el ignorante, el irresponsable, has sido tú y únicamente tú, nadie pudo haberlo sido por ti.

– No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

– Aprende de los fuertes, de los audaces, imita a los violentos, a los enérgicos, a los vencedores, a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo.

– Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas sin alimento morirán.

– Aprende a nacer del dolor y a ser más grande que el más grande de los obstáculos.

– Mírate en el espejo de ti mismo. Comienza a ser sincero contigo mismo reconociéndote por tu valor, por tu voluntad y por tu debilidad para justificarte.

– Recuerda que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo, reconociéndote a ti mismo, más libre y fuerte, y dejarás de ser un títere de las circunstancias, porque tú mismo eres el destino y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino.

– Levántate y mira por las montañas y respira la luz del amanecer. Tú eres parte de la fuerza de la vida.

– Nunca pienses en la suerte porque la suerte es el pretexto de los fracasados.

Tú eres el resultado de ti mismo, Pablo Neruda.

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